Cuando estamos transitando un momento o una etapa de tristeza, no siempre solemos ser compasivos con nosotros mismos. De hecho, en la mayoría de las ocasiones, tendemos a culparnos, cuestionarnos y castigarnos.

Existen una serie de prácticas que podemos llevar a cabo para cuando nos toca lidiar con esta emoción:

Reconocer la emoción

Ser comprensivo ante la tristeza, ya que, al igual que cualquier otra emoción, su tarea es protegernos. La tristeza promueve el autocuidado, la introspección y la reflexion.

Ser amable con uno mismo

Está bien no sentirse bien todo el tiempo. hay que evadir la emoción, y mucho menos minimizarla. El segundo paso tras reconocerla es transitarla gentilmente, sin señalamientos.

No poner resistencia

En caso de experimentar resistencia a vivir la emoción, hay que recordar que, aunque por mucho tiempo el evadirla parecía la mejor opción, esto sólo funciona por un determinado tiempo. El hecho de retener la emoción sólo hará que se termine transformando en un dolor más agudo e intenso y, empeorará hasta que decidamos sentirla.

Dejar que la emoción fluya

Hay que permitirse habitar un espacio seguro y dejar que la tristeza fluya. Para eso, debemos reconocer y dirigirnos hacia un espacio seguro, nuestro propio lugar seguro, donde podamos sentirnos resguardados/as, libre de juicios y prejuicios y señalamientos.

Explorar la emoción

Para lograrlo, necesitamos realizarnos preguntas exploratorias, como por ejemplo: ¿Qué desencadenó la emoción?, ¿Qué sentimientos acompañan esta emoción?, ¿Qué podría estar comunicándome?

Escucharnos de manera amorosa

Reconocer en nosotros mismos las respuestas que surgen ante las preguntas, no juzgar, no minimizar, tan solo escuchar atentamente, con bondad y amabilidad, de la misma forma que lo haríamos con cualquier ser querido.

Llorar

Debemos permitirnos llorar. El llanto favorece la liberación de la tensión emocional, descarga y promueve la regulación y, nos invita a conectar con nuestras necesidades.

Abrazarse

Tenemos que poder lograr abrazarnos de todas las formas posibles. Durante este tiempo de tristeza, podemos acompañarnos desde el contacto físico, brindándonos un abrazo, acariciar nuestro pecho, un brazo, cubrirnos con una manta, etc.

Tratar de ser escuchado

En caso de necesitarlo, hay que brindarse a la oportunidad de ser escuchado por algún ser querido. Comunicarle lo que nos sucede, lo que sentimos y permitirnos fluir en el encuentro. Abrazar la experiencia de estar acompañado/a y contenido/a por un otro.

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