¿Como podemos alimentar nuestro espacio vital?

El espacio vital es el ambiente personal que uno crea para sentirse mejor y que comprende todas sus elecciones: su casa, sus amistades, etc. Para un completo desarrollo interior de todas las facetas que forman parte de la vida de una persona necesitamos vincularnos con otras personas y con nosotros mismos. Esta íntima relación con uno mismo se desarrolla en un espacio denominado “espacio vital”.

En general, el espacio vital entre personas extrañas se establece como media entre 40 y 60 cm a la distancia del rostro. No obstante a mayor grado de confianza, más corta es la barrera a la que permitimos que se nos acerquen. Es interesante hacer el experimento de autoobservarnos durante un día y analizar qué personas atraviesan la barrera de nuestro espacio vital. ¿Cómo nos hacen sentir?

Una de las formas en las que demostramos a quienes nos rodean que tienen nuestra confianza son los abrazos. El hecho de permitir que otra persona entre en nuestro espacio vital es una muestra de afecto, de complicidad, de amistad. El abrazo es un símbolo de unión y respeto. Las personas, mediante el contacto físico, abren y amplían su espacio vital. Durante esta interacción podemos transmitir mucha información. Y, de igual manera, podemos aprender y conocer parte de la personalidad de la otra persona con un solo abrazo. Existen los abrazos intensos y vitales que pueden darse entre dos personas que llevan mucho tiempo sin verse. Existe un abrazo tímido o sin apenas contacto en el que no se acaba de confiar del todo. También están los abrazos fraternales o los que están con una fuerte vibración de amor y cariño entre dos enamorados.

Para alimentar nuestro espacio vital necesitamos transmitir mediante nuestro lenguaje corporal que estamos receptivos. En este sentido, un sencillo apretón de manos puede crear nuevos lazos de amistad, más allá del protocolo, o el principio de una relación sentimental. Todos los mensajes que transmitimos con nuestro cuerpo son tan efectivos como la misma conversación. Por medio del lenguaje corporal mostramos el tipo de confianza que permitimos en nuestro espacio vital. Por ejemplo, a la hora de tocarnos mientras dialogamos o según la distancia que mantenemos mientras conversamos con la otra persona. La distancia es mayor cuando no permitimos esta cercanía a nuestro espacio vital o nos sentimos invadidos. Por este motivo, para mantener una barrera, se suelen cruzar los brazos al hablar o bien señalar hacia otra dirección con nuestros pies.

La casa es la extensión de nuestra personalidad. Es lugar donde vivimos está cargada de nuestra energía. Es la extensión de nuestro espacio vital, donde nos mostramos tal como realmente somos. Nuestra casa está llena de elecciones personales: los colores, la decoración, la iluminación, el orden, los recuerdos fotográficos, etc. Esto la convierte en la esencia de lo que somos. Es conveniente que cada miembro de la familia tenga un espacio personal para poder crecer como personas y aprender a ser independientes y autosuficientes. De este modo, aseguramos que cada uno tenga su propio espacio vital definido. Ya desde hace miles de años, el feng shui nos enseña como armonizar el espacio de nuestra casa mediante la elección de los objetos y la importancia de la orientación en los puntos cardinales. De esta forma, la energía que se crea y entra en nuestro espacio vital pasa a formar parte de nosotros mismos. Con el resultado de un mayor bienestar para quienes habitan en ella.

Con nuestra pareja compartimos nuestro espacio vital. El hecho de dormir en la misma cama, de andar agarrados de la mano o de compartir un mismo tenedor para dar a probar de nuestro plato son detalles que evidencian cómo abrimos nuestro espacio vital. La pareja es o debería ser nuestra propia extensión y viceversa. Hasta el punto que en muchos casos solemos adoptar comportamientos miméticos o muy parecidos, tanto gestuales como en el modo de hablar. Este sentimiento de amor y unión, por lo general, hace que se pase con facilidad del espacio vital individual a uno único compartido. Sin embargo, es fundamental que todos podamos mantener nuestra propia libertad y espacio personal.

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