Trabajar con lo desconocido o con lo que no ha ocurrido aún es frecuente, forma parte de nuestro paisaje cotidiano. Toda planificación tiene una parte de mirar hacia el futuro y tratar de adivinar qué pasará. Sin embargo, si gestionar la incertidumbre es difícil, puede que la ansiedad y la preocupación crónica se adueñen de las decisiones que se toman. Tolerar y trabajar con aquello que se desconoce puede ser un gran don.

La tolerancia a la incertidumbre es la dificultad para sobrellevar situaciones en las que no se podemos controlar todos los factores. Por lo general, la gente que no puede gestionar la incertidumbre de manera adecuada siente una gran ansiedad ante los eventos negativos que pueden ocurrir y tratan de tomar decisiones sin asumir algún riesgo.

La vida se complica con los años, por lo que la intolerancia a la incertidumbre evita que estas personas hagan grandes cambios en su vida. Dichas personas suelen necesitar un cierre cognitivo, es decir, una respuesta definitiva a sus dudas que no deje nada al aire. Este cierre implica una certeza a la que poder agarrarse y en torno a la que tomar decisiones sin ningún tipo de riesgo.

La baja tolerancia a lo desconocido se asienta en una serie de pensamientos que, de forma inconsciente, mantienen y alimentan el miedo a lo que está por venir. Estos son los más habituales:

  • Se suele pensar que controlar el proceso es controlar el resultado: de esta forma se evita buscar soluciones para preguntas que no tienen respuesta. Pero, como no la tienen, el proceso se retroalimenta.
  • “Cuanto más te esfuerzas, más posibilidades de triunfar tienes”: no es cierto. Siendo que hay cosas incontrolables, siempre puede ocurrir algo que trunque los planes, aunque no por esto se deban perder las ganas de luchar.
  • Tendencia a predecir el futuro para evitar posibles eventos negativos, de manera que se tiende a sobreestimar su aparición.

Las preocupaciones son comunes a la propia existencia, consonantes con el acto de vivir. Sin embargo, para que esto no llegue a extremos incapacitantes o desagradables, podemos aplicar algunos recursos para llevarlo de la mejor forma posible.

1. Redirigir las emociones

La emoción que predomina cuando algo no se puede controlar es el miedo. Miedo a que ocurra algo que no se ha previsto, miedo a que se cumpla lo que sí se tiene en mente o miedo a las consecuencias negativas de un evento. Cuando se trata de conseguir un objetivo, la energía que consume este miedo -además de la rabia, frustración y preocupación que le acompañan- puede ser muy intensa. Esta energía que consume el miedo es mucha, y por eso debemos redirigirla en enfocarnos en nuestras metas.

2. Aceptar que existen variables incontrolables

No solo hay factores que conocemoss y no controlamos, sino que hay factores que están influyendo o pueden influir y ni siquiera conocemos. Verbalizarlo puede ser aterrador, igual que puede ser maravilloso que determinados nudos se deshagan por sí solos. En este sentido, es importante no perderse en lo negativo.

3. Ser flexible

Al igual que no es posible controlar todas las variables extrañas de una situación, tampoco es bueno hacer planes que no admitan cambios. Lo importante es mantener las metas, pues los planes son solo el camino hacia ellas, y en ese camino se podrán cambiar cuanto sea necesario.Hombre pensando

4. No es un camino solitario

En la tolerancia a la incertidumbre también hay diferencias individuales, así que cada persona tiene sus trucos para llevarla bien. Aprender de los demás, trabajar en equipo  y recurrir a la ayuda profesional si tenemos un malestar que está afectando nuestra vida cotidiana.

5. Para gestionar la incertidumbre, comenzar por pequeñas cosas

Cuando la dificultad para lidiar con lo desconocido es generalizada, no es útil empezar a superarlo tomando grandes decisiones vitales. Comenzá por cosas pequeñas: asumí pequeños riesgos, y así verás como tu tolerancia aumenta poco a poco.

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