Lo primero de todo, es muy importante que no entendamos el hecho de sentir miedo o tristeza como algo negativo, porque entonces haremos un esfuerzo inhumano por evitarlas. En su lugar, debemos entender estos estados emocionales como algo normal, y darnos permiso para sentirlos, pues de hecho es el primer paso para poder salir de ellos. Además, tenemos que verbalizar lo que sentimos y por qué lo sentimos. Hay que hablar de las emociones desde la serenidad y la naturalidad y aceptarlas. Si además tenés hijos/as, es especialmente importante que sepan nuestro estado emocional, que somos humanos y las cosas nos duelen, porque sólo así podrán desarrollar empatía y podrán aprender a reconocer y manifestar sus emociones en el futuro.

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor y mejorar nuestro estado de ánimo?

Necesitamos un momento de aceptación, de pensar “lo estoy haciendo bien” y no autoexigirnos en exceso. Tenemos que ser autocompasivos con nosotros mismos. SI no llego… no llego. Tenemos que decidir qué cosas vamos a dejar de hacer si vemos que no llegamos y establecer prioridades para poder facilitarnos un poco la vida nosotros mismos

En cuanto a acciones que podemos hacer, es muy importante que dediquemos tiempo estos días a realizar actividades que nos ayuden a mejorar el ánimo, como realizar ejercicio físico, o incluso puede ser un buen momento para iniciarnos en la meditación. También,  para dedicar tiempo a todas esas otras actividades que nos gustan especialmente y nos hacen sentir bien: leer, jugar a juegos de mesa, ver alguna serie en familia, dedicar más tiempo a charlar , a cocinar…. lo que tengas ganas de hacer.

Y no menos importante es el hecho de mantener una rutina en casa, porque la rutina nos da orden y seguridad. Debemos de arreglarnos y mantener la higiene, dedicar unas horas a trabajar, mantener los horarios de las comidas y establecer un tiempo para el ocio y descanso. Luego, el fin de semana podemos alborotar todos estos horarios, como ya hacíamos antes, pero entre semana es bueno que tengamos un orden, especialmente si hay niños.

Es muy importante que intentemos ser personas de trato fácil, lo que incluye valorar mucho el respeto, el tiempo y la intimidad del otro. Que haya que compartir espacio no significa que haya que compartir las 24 horas del día. Tenemos que tratar de tener una comunicación amable y tener cuidado con las tiranteces. No es momento para hablar de temas conflictivos que teníamos previos al confinamiento, dejémoslo para luego, y hablemos de cosas que suman. Si tenemos niños, hay que explicarles la situación y conseguir que respeten nuestro tiempo de trabajo. También, hay que ir viendo si ellos también está cumpliendo con las tareas, empezando por revisar en intervalos pequeños que vamos aumentando poco a poco, y darles las gracias por hacerlo bien.

Tenemos un aislamiento social físico, pero tenemos también la gran ventaja de que no tenemos un aislamiento virtual. Es recomendable estar en contacto con los seres queridos, hacer por ejemplo una videollamada al día con los familiares, con los amigos… Es decir, podemos mantener la sociabilidad gracias a la tecnología y las redes sociales. Eso sí, si nos estresa y nos genera problemas la hiperconectividad podemos, por ejemplo, silenciar los grupos de chats que no nos aporten nada. Hay que poner límites y elegir con quién te quieres relacionar para que sume.

Ahora pertenecemos a un grupo que está tocado, donde el peligro es para todos, y eso genera altruismo, generosidad y querer cooperar. Y esto nos ayuda a darnos cuenta también de que cada vez que ayudas a alguien automáticamente estás ayudándote a ti mismo. Sentimos esa dopamia, que nos hace sentirnos bien, y de alguna manera vemos que participar en el bienestar de otras personas nos alimenta.

Todo esto está cambiando nuestra escala de valores. Lo que genera duda es si la va a dejar cambiada porque, como nuestra mente necesita olvidar los traumas para seguir viviendo feliz, a los dos 3-4 meses tendemos a olvidar las cosas y volver a ser como éramos. Entonces, ojalá podamos tener de alguna manera recordatorios continuos sobre cómo era este momento, porque si no volveremos al individualismo y a los errores que cometíamos.

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