Las relaciones de pareja no se suelen instaurar en un contexto de violencia. Normalmente, la violencia en las relaciones de pareja suele ser un proceso escalonado en el tiempo. Así, se va instaurando un patrón de relación no equitativa, donde uno de los miembros suele actuar de manera más sumisa (violentado/víctima) mientras el otro de otra forma más coercitiva (violento/agresor).

La violencia en las relaciones de pareja puede expresarse de diferentes formas. Desde la violencia física hasta la verbal y la sexual, la pareja puede entrar en una espiral de violencia en la que la integridad de uno de los miembros puede verse perjudicada, afectando a su salud física y mental. Está muy asociada a la desigualdad social. Normalmente, las víctimas suelen ser las mujeres, siendo una relación no igualitaria.

La violencia sexual es una de las formas donde las víctimas pueden sentirse más desamparadas. Esto se debe a que, generalmente, la sociedad aún mantiene la creencia de que las relaciones sexuales dentro del contexto de pareja son siempre consentidas. Los comportamientos controladores y dominantes son otra de las formas de violencia en las relaciones de pareja. Pueden darse varios ejemplos: aislar a la pareja de sus familiares directos, vigilar sus movimientos, a quien visita, sus horarios, restricción de recursos financieros, etc.

En la mayoría de los casos, la violencia está latente al principio de la relación, pero no manifestarse. En otras palabras, la violencia puede estar presente desde los inicios de la relación, pero de una manera diferente: es como ver un iceberg tan solo desde la superficie sin contar con la totalidad de su masa. El ciclo de la violencia suele constar de 3 fases que no suelen ser iguales en intensidad y duración.

Estas fases son las siguientes:

  • Tensión: incidentes mínimos en la relación de pareja que van aumentando la tensión para la escalada a un ciclo de violencia.
  • Agresión: con mayor o menos intensidad, tras la acumulación de cierta tensión, suele darse la agresión hacia la pareja.
  • Luna de miel: en esta fase, la persona responsable de haber ejercido la agresión en sus distintas formas suele arrepentirse, mostrando afecto hacia la pareja, prometiendo que no lo va a hacer más.

Luego a esta última etapa suele darse nuevamente un periodo de tensión, donde se dará nuevamente la agresión para posteriormente pasar al arrepentimiento. El problema estriba en que la víctima de violencia suele perdonar a la pareja en la tercera etapa, bien retirando denuncias o dándole a la relación una segunda oportunidad. El periodo de luna de miel suele acortarse con cada ciclo, habiendo en algunos casos solo fases de tensión y de agresión. Así, el cariño dado por el agresor se contempla como una fuente de refuerzo muy gratificante, siendo difícil escapar de la relación.

Factores de riesgo

La violencia es el resultado de varios factores que operan a cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Por ende, el riesgo para el desarrollo de conductas violentas en la relación de pareja es algo difícil de generalizar debido a factores culturales y sociales.

A pesar de ello, algunos de los factores de riesgo que se pueden generalizar a todo tipo de población pueden ser las siguientes:

  • Bajo nivel socioeconómico y académico.
  • Juventud.
  • Antecedentes familiares de maltrato.
  • Abuso sexual en la niñez.
  • Consumo de alcohol y otras drogas.
  • Normas sociales de género no equitativas.
  • Sanciones jurídicas leves a la violencia de género.
  • Trastornos de personalidad (especialmente, trastorno de personalidad dependiente en las mujeres).

La violencia en la relación de pareja puede ser aún más grave si existen niños. Los niños pueden presentar múltiples problemas relacionados con los trastornos de ánimo, tales como los trastornos de ansiedad, trastorno de estrés postraumático o depresión. No solo se reduce a la esfera emocional y afectiva del niño. La presencia de bajo rendimiento escolar y problemas de salud físicos también coexisten con observar la violencia en la relación de pareja.

Además, los niños que crecen bajo este contexto son más proclives a ejercer violencia a sus parejas en la edad adulta. Aunque también es de gran interés la existencia cada vez más temprana de violencia en la relación de pareja en la etapa de la adolescencia.

¿Cómo prevenir la violencia en las relaciones de pareja?

Ampliar la base de concienciación en la sociedad, además de las diferentes formas en las que la violencia suele aparecer puede ser clave para su reducción. De manera general, las estrategias que pueden realizarse para la prevención y disminución de la violencia pueden resumirse en las siguientes:

  • Campañas de difusión y sensibilización a niños y adolescentes de las diferentes formas de violencia que pueden darse en una relación de pareja
  • Campañas de empoderamiento a las niñas y adolescentes
  • Creación de programas escolares donde se intercepte formas de violencia en el hogar
  • Material didáctico en los colegios en materia de violencia en las relaciones de pareja
  • Etc.

La prevención en materia de violencia da especial importancia al ambiente familiar y social. Los programas que eduquen en materia de género se hacen igualmente importantes para prevenir que los niños acepten formas de violencia como algo normal. En cualquier caso, la labor de prevención más importante en este sentido siempre parte de la educación, de que todas las personas conozcamos formas de negociación y comunicación efectivas que nos hagan descartar a la violencia como una alternativa de actuación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *