Padres e hijos, hermanos, tíos, primos, abuelos… Es muy posible que nosotros mismos hayamos vivido esta realidad con más de un miembro cercano. De hecho, la distancia física, y sobre todo emocional, se da con más frecuencia de la que pensamos. Son muchos los hogares que cuentan con algún familiar que ya no viene de visita, que no felicita en días de aniversarios ni llama por teléfono para saber qué tal va todo.

El distanciamiento afectivo en la familia no sucede de un día para otro. Por lo general, se irá desarrollando poco a poco al acumular un exceso de decepciones, rencores callados ante determinados comportamientos, palabras dichas o silencios que enfriaron emociones. Sea como sea, todas estas dinámicas pueden darse en cualquier miembro de la unidad familiar y dejar heridas perecederas.

Para muchos, es ley natural. No es fácil llevarse bien con todos los que integran un árbol familiar. Sin embargo, esta situación resulta un poco más problemática cuando surge entre padres e hijos. Así, y aunque tengamos claro que los lazos de sangre no aseguran el afecto ni son una imposición para mantener ese vínculo, dicha situación puede vivirse con bastante tristeza por alguna de las partes.

El distanciamiento afectivo en la familia es un tema bastante descuidado en la literatura de investigación. Estas situaciones se dan con bastante frecuencia y que se dan en mayor grado entre primos, tíos y sobrinos. Sin embargo, donde surge mayor sensación de angustia y desgaste psicológico es en la familia nuclear (padres e hijos). Así, cada vez se habla un poco más sobre el tema. Visto desde fuera, nos puede resultar triste y hasta incomprensible. Sin embargo, las dinámicas que se tejen en un hogar y entre un grupo de personas llegan a ser muy complejas. Crecer y madurar es aprender a separarse. No obstante, hay separaciones que se dan de manera dolorosa y hasta distorsionada creando heridas para siempre. 

 

1. Expectativas y valores diferentes

¿Cómo concebís la vida?  ¿Cuáles son tus valores? A menudo, cuando nos respondemos a esta cuestiones descubrimos que nuestros familiares mantienen unas ideas muy opuestas a las nuestras. Sin embargo, esto no debería ser ningún problema. Las mejores familias no son aquellas que coinciden en todo, sino las que a pesar de las diferencias existentes, se respetan. Esto último no es algo que se dé muy a menudo. El origen de muchos distanciamientos surge por el choque de valores y expectativas irreconciliables. Hay padres que sitúan en sus hijos unas elevadas expectativas e hijos que no encajan en las visiones particulares de los progenitores.

2. Comportamientos que desgastan relaciones

Madres emocionalmente frías, padres autoritarios, hijos egoístas, hijos con una comunicación violenta y un comportamiento impulsivo… En un hogar pueden conjugase infinitas dinámicas insalubres, muchas de ellas ocasionadas a menudo por trastornos psicológicos no diagnosticados. Otras por estilos de personalidad que llevan chocando entre sí desde hace décadas. Esa variedad de caracteres va creando poso, abriendo heridas que no cicatrizan y haciendo de la convivencia algo insufrible.

Poco a poco, ese distanciamiento afectivo en la familia se hace más patente y evidente. Los hijos dejan el hogar y espacian las visitas y el contacto hasta que llega un momento en el que ese vínculo se desgasta para siempre. A menudo, se puede experimentar alivio por esa distancia, por no tener que verse en situaciones dolorosas y problemáticas. No obstante, en ocasiones, a pesar del silencio en la comunicación, sigue pesando la sombra de la tristeza y la decepción.

3. Parejas de los hijos, divorcio o fallecimiento de uno de los padres

Otra causa del distanciamiento afectivo en la familia puede explicarse por la presencia de nuevas figuras en la unidad familiar o, a su vez, por la ausencia de alguna de ellas.

  • En ocasiones, las parejas de los hijos hacen que se reformule el vínculo familiar por completo.
  • Sucede lo mismo en caso de separación o divorcio de los padres. Si alguno de los progenitores tiene una nueva pareja puede darse un cambio en la relación.
  • También, suele darse otro hecho. Cuando fallece alguno de los progenitores también puede enfriarse el trato con ese padre o esa madre que se queda en el hogar. Esto se da sobre todo cuando los hijos tienen buena relación con su padre y no con su madre o a la inversa.
  • La pérdida de la figura más querida supone, en muchos casos, un impacto bastante complejo al tener que tratar a ese otro progenitor con el que nunca se ha llevado bien.

Existe otro factor decisivo en el origen del distanciamiento: los TRAUMAS.

El abuso físico o psicológico, el maltrato, el consumo de alcohol o las drogas y las dinámicas que se crean en estas situaciones dan forma a unas heridas a menudo insalvables que explican, sin duda, la ruptura paulatina del vínculo.

En resúmen: son muchos los desencadenantes de la ruptura de la relación entre los miembros de un hogar. No obstante, cabe señalar que esa distancia suele estar justificada: conflictos insalvables, sufrimientos, violencia intrafamiliar… Ahora bien, a pesar de que ese alejamiento sea en ocasiones necesario, la sociedad sigue viendo este hecho con malos ojos. La familia se sigue concibiendo como una institución sagrada cuando en ocasiones, puede ser el escenario y el origen de nuestra infelicidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *