“Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro” -Alejandro Jodorowsky-

El dolor es un indicador individual y subjetivo que indica que algo funciona mal dentro de nuestro organismo. Puede tener un impacto enorme en nuestro bienestar y en nuestra capacidad para lidiar con el proceso de recuperación y con nuestra vida cotidiana. Los procesos de la mente son los encargados de identificar y procesar el dolor físico, de ahí la importancia de conocer cómo nuestro cerebro lo percibe y lo analiza.

En el cerebro hay regiones muy bien definidas que son las responsables de nuestras percepciones de dolor físico.Muchas dolencias están arraigados en los procesos del cerebro que pueden estar afectados por la actitud mental y las emociones.

Las estrategias de la mente que pueden tener un efecto beneficioso sobre el daño físico incluyen: ejercicios de relajación y respiración, terapia con música y biofeedback.

Estudios de McCracken y cols, 2004 indican que las personas con mayor aceptación del dolor lo refieren menos, al igual que presentan menos síntomas de ansiedad y depresión. Lo más importante de este estudio es que el nivel de aceptación del dolor no está en función de la intensidad de este. Es decir, las personas no presentan más aceptación porque tengan menos dolor. La aceptación implica tener contacto con experiencias desagradables o dolorosas sin que eso tenga un impacto significativo en la conducta. Especialmente quiere decir que no se dan conductas de evitación incapacitantes o que la persona no se siente limitada a la hora de establecer sus objetivos.

La sociedad a veces promueve un estilo de vida inadecuado a través de lemas o frases hechas, que por su sencillez, se vuelven pegadizas. Un ejemplo: evita el sufrimiento y serás feliz. El sufrimiento forma parte de nosotros. Hay que aceptar como normal el sufrir en determinados contextos. Esto no quiere decir que el catastrofismo nos ciegue, ya que este se asocia con una peor evolución del dolor.

El catastrofismo es un conjunto de procesos cognitivos y emocionales que predisponen a que el dolor se convierta en crónico. Tanto el catastrofismo como la aceptación se consideran determinantes para pronosticar la evolución del dolor, dado que son dos mediadores importantes en el procesamiento de este, y la lucha de ambos es clave para el control que la mente pueda ejercer sobre el dolor físico.

Nuestros pensamientos y emociones afectan a nuestra salud física ya que existe siempre un aspecto psicológico en toda enfermedad. Es decir, todo dolor tiene un componente emocional.

El cerebro genera dolores que no tienen causa orgánica, para que prestemos atención a nuestros cuerpos y que de esta forma centremos la atención en «las tensiones emocionales reprimidas». Cuando se reconocen las tensiones emocionales que reprimimos, los síntomas de la dolencia física disminuyen. El entrenamiento cerebral puede reducir el dolor sin necesidad de medicamentos. Aunque no funciona en todos los individuos, la técnica puede derivar en nuevos tratamientos médicos. La técnica sólo funciona cuando las personas pueden contemplar en directo, mediante imágenes de resonancia magnética, la zona del cerebro relacionada con el dolor.

En determinadas circunstancias es posible “dominar” nuestra actividad cerebral. Además, se puede controlar la intensidad de las dolencias que sentimos sin tener que usar medicación. La técnica abre nuevas vías a tratamientos médicos. Aunque hay que tener en cuenta que no funciona por igual en todos los individuos. La combinación de una buena predisposición para la aceptación del dolor y un entrenamiento mental adecuado, son factores claves para que el impacto del dolor sobre nuestras vidas se reduzca. Quizás no podemos hacer que desaparezca, pero que utilizando nuestra mente podemos ganarle una gran cantidad de terreno.

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