Se sabe que aquellos problemas que no supimos resolver a tiempo o durante nuestro crecimiento, dejará sin dudas cicatrices o heridas en la etapa adulta. Por eso, es de sum importancia poder hacerle frente y resolver esos conflictos y no taparlos o esconderlos.

Si cuando eras chico/a solían gritarte, puede ser que al estar expuesto a situaciones en donde la otra oersona se enoje, tu resuesta se cerrarte, bloquearte, entrar en pánico o disociarte.

Explicar las cosas en exceso o dar más información de lo habitual puede ser una respuesta al trauma; si de pequeño/a, tus papás usaban gaslighting con vos, de adulto vas a expresar de más para que la otra persona no pueda distorsionar tus palabras o hacerte sentir mal al usar lo que decís en tu contra.

Si en tu infancia deseabas que alguien llegara a salvarte de determinada situación por la que estabas atravesando, puede ser que de adulto adoptes un rol “salvador” con las personas que te importan, buscando “rescatarlas” de cualquier malestar que puedan padecer.

Si tuviste padres o cuidadores que llegaron a tomar la mayor parte de las decisiones en tu vida (qué estudiar, con quien/es salir,elección de parejas o amistades, metas en la vida, etc), puede ser que de adulto se difícil reconocer tu identidad y tomar decisiones por tu cuenta, recurriendo así a la opinión externa.

Es importante remarcar que cuando hablamos de heridas de la infancia, no buscamos culpar a nuestra mamá, papá, o ambos por todos nuestros problemas. En realidad, lo que se buscar es entender de dónde vienen nuestras heridas para así poder sanarlas. Es resposabilidad de cada uno de nosotros/as cuidar de nuestra salud mental llegada a la etapa adulta.

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