Cómo aceptar la tristeza para prevenir la depresión

La vida está llena de pequeñas y grandes pérdidas y, no hay más remedio que aprender a transitarlas. Los pequeños o grandes duelos nos suceden inevitablemente.Vamos atravesando frustraciones en menor o en mayor escala.Vivenciarlas con tristeza, es aceptar que esa emoción es parte nuestra, aceptarlas es la manera de vivir bien la tristeza.

Paradójicamente, la mejor manera de no deprimirse es aprender el arte de saber ponerse triste. Es decir, hacerlo de una manera lúcida, resolutiva y generadora de nuevos recursos.

Cada situación vital atravesada, cada vez que elegimos, cada vez que tomamos una decisión, retenemos, ganamos algo y, también, dejamos pasar, perdemos otras opciones. Estas pérdidas significan procesos de duelo, en el que se ponen en juego factores similares a parecido a una cicatrización de una herida física

Perdemos lo que amamos por las vicisitudes de la vida, el paso del tiempo, los ciclos vitales. Perdemos la niñez y la juventud, perdemos los padres de la infancia y, también, la dulce infancia de nuestros hijos. Perdemos a alguien a quien amamos y, con él o ella, perdemos nuestras ilusiones.

Las pérdidas son una constante, las cuales están acompañadas de sentimientos de tristeza.
Todo duelo exige un trabajo psicológico de reparación, restitución y cierre que demanda tiempo, dedicación y energía. Es un proceso muy parecido a la cicatrización de una herida física, de un tejido lastimado: si no lo curamos del todo, la herida permanecerá abierta, o cerrará “en falso” escondiendo una infección.

En términos psicológicos, si no detecto el dolor y la herida, y si no procedo a la elaboración del duelo, ya sea porque carezco de los recursos emocionales necesarios o porque permanezco indiferente frente a mi dolor o porque lo niego, esa herida no cicatrizará adecuadamente y se resolverá de alguna manera enfermiza. La depresión es una de esas maneras.

La depresión seria la secuela de nuestra incapacidad para afrontar pérdidas, las cuales dejaran cicatrices o daños sin ser elaborados. Es esta inhabilidad de afrontamiento lo que produce depresión reactiva.

Para afrontar y procesar las perdidas y evitar entrar en una depresión, debemos:

  • Aceptar la emoción, llorar: Algunas veces, rechazamos tanto el dolor de la pérdida que ni siquiera nos damos el tiempo suficiente para llorar genuinamente lo que hemos perdido. En el caso de que hayamos experimentado una pérdida, es necesario darse claramente ese espacio, todo el tiempo que uno necesite, para poder luego avanzar en la elaboración del suceso.
  • No resignarnos ante la pérdida: Cuando algo se fue de nuestra vida, ya sea porque nos dejó o porque lo dejamos ir, debemos aprender a aceptar su partida y no sólo resignarnos a ella. La resignación conlleva una dosis de resentimiento que es conveniente atravesar para llegar a la aceptación.
  • Asumir el paso del tiempo: Cada vivencia, casa oportunidad está acotada en sus propias pautas de funcionamiento e incluyen el tiempo, que es cambio y crecimiento, pero también consumación y fin. No podemos tomar una parte e ignorar las restantes. Vienen todas juntas.
  • Significar nuestra capacidad adaptativa de resiliencia: Ante situaciones que nos frustran o nos afectan, en lugar de preguntarnos qué falla en nosotros, que no percibimos las cosas tal cual son, increpamos y demandamos a no se sabe quién por nuestra frustración y nuestras ilusiones perdidas. Solemos creer que las cosas desagradables suceden por algún tipo de administración de justicia inmediata que existiría en no se sabe qué estamento de la organización de la realidad.
  • Ajustar nuestras expectativas a la realidad: Ante las pérdidas y en muchos casos de depresión hay de fondo un autoengaño. Nos negamos a aceptar la realidad tal y como es, y eso nos lleva irremediablemente a la frustración. Superar esas quimeras es madurar y encontrar por fin una serenidad real y duradera.

Estar triste es aceptar que las cosas no siempre salen como uno desea, ni uno puede estar en todo momento alegre o esperanzado. También esa faceta de nuestra personalidad nos es propia y necesariamente deberemos convivir con ella y aprender sus lecciones.

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