Cuando siempre hemos estado en relaciones tóxicas, hemos ya normalizado un tipo de amor que se aleja de lo que verdaderamente merecemos. Si nos quedamos en lugares que nos dañan, experimentamos las mismas situaciones que nos hieren, que nos lastiman y, continuamos al lado de personas que nos subestiman, nos infravaloran, y así nos resultará muy difícil poder crear nuestro propio camino. Al mismo tiempo, nuestro amor propio no llega a desarrollarse o bien, lo perdemos en el camino.

Nos acostumbramos a este tipo de relaciones porque probablemente es lo único que hemos tenido, lo único que hemos aprendido y entonces ya lo “naturalizamos” como el tipo de amor correcto. También, puede paar que quizás no sabemos qué es realmente la tranquilidad y la terminamos confundiendo con el aburrimiento, porque nunca nos hemos sentido en paz y todo lo que sea caótico y nos genere hasta “adrenalina”, suena más cercano. El problema es que terminamos siendo “adictos” a esta clase de relaciones, porque lo estable, lo tranquilo, a la larga nos cansa o aburre.

Cuando nos hemos criado en el seno de unas familias desestructuradas o llenas de caos, nuestros significado de amor cambia y concebimos el amor como un sentimiento que viene acompañado de incertidumbre, de dudas, de agresiones verbales y/o fisicas, de temor, de ANSIEDAD. Es entonces cuando nos volvemos incapaces de discernir cuando algo o alguien es sinceramente BUENO para nosotros.

Cómo salir del círculo enviciado?

El amor tóxico se vuelve un vicio, una adicción. Por eso, el primer paso es darnos cuenta, identificar donde estamos parados, admitirlo. Es importante poder evitarlo, detectarlo….y si aún así el camino se nos hace cuesta arriba, entonces hay que buscar ayuda para frenar a tiempo, y así darnos nuestro espacio para elegir un amor genuino, que no nos amargue la existencia y termine por destruir nuestra autoestima.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.