Tenemos miles de pensamientos al día. Algunos nos hacen la vida más sencilla, otros quizás pasan hasta inadvertidos, pero existe un buen número de ellos que nos complican nuestro día a día, son esos a los que se les conoce como pensamientos negativos. A veces, tratan sobre temas específicos y otras sobre generalidades.Para este tipo de pensamientos no hay excepciones a nivel de contenido, pero tampoco temporales. Aparecen de repente, en cualquier circunstancia y no avisan sobre cuánto tiempo van a quedarse. La pregunta es: ¿son realmente un problema?

Los pensamientos son procesos mentales internos a través de los cuáles realizamos representaciones sobre el mundo, los demás y nosotros mismos. Suelen ser relativamente abstractos, complejos, voluntarios o involuntarios y tienen un carácter relacional. Existen diferentes categorías de pensamientos, como los recuerdos, las ideas, los juicios, las suposiciones, las fantasías y un largo etcétera, pero siendo muy reduccionistas podemos diferenciarlos en palabras e imágenes. También, existen diferentes tipos de pensamientos según algunas perspectivas teóricas.

Un dato curioso es que nuestra mente tiene cierta tendencia a ser negativa. Esto es algo totalmente normal, sobre todo, si tenemos en cuenta que su principal objetivo desde los inicios de la historia de la humanidad es ponernos a salvo del peligro, es decir, buscar nuestra supervivencia. Por ello, está especializada en buscar peligros por todas partes, rastreando el entorno para descubrir o anticipar cualquier cosa que pueda amenazarnos. Así, no es de extrañar que tengas un gran saco lleno de dudas, preocupaciones y miedos. Y no, no es señal de debilidad o de que tu mente funcione mal, es simplemente una consecuencia natural de la evolución. Por lo tanto, por mucho que oigamos eso de ¡Piensa en positivo! y lo pongamos en práctica, no podemos ser ingenuos: los pensamientos negativos no van a desaparecer, podrán suavizarse, modificarse, perder protagonismo, pero una parte de ellos seguirá existiendo.

La mente tiene dos caras: una parte más luminosa y otra más oscura. Nos ayuda a planificar, aprender, analizar, comunicarnos, organizar, crear, inventar, adaptarnos… Son tantas las posibilidades que nunca deja de ser asombrosa. Lo cierto es que más allá de ese lado luminoso, también se encuentra su parte oscura. Se trata de esas tendencias a criticar, llenarnos de temores y preocupaciones, crear historias terribles o juzgarnos duramente. Es capaz de compararnos con los demás, sumergirnos en recuerdos dolorosos y machacarnos con los errores que hayamos cometido. Sin embargo, los pensamientos negativos son totalmente normales.

Ahora bien, ¿son inevitables? Nuestra mente está muy bien entrenada en ciertas historias, tales como «vas a hacerlo mal», «no lo vas a lograr», «no servís para eso», «sos un perdedor…». Una vez que conocemos cómo funcionan este tipo de pensamientos, es importante que sepamos que seguramente tendremos algunas creencias erróneas sobre los pensamientos negativos, como por ejemplo:

  • Son tan dañinos que al final acaban por volverse ciertos. ¿De verdad crees que acaban por ser reales? ¿cuántos de tus pensamientos negativos han acabado por cumplirse? Las personas que tienen TOC tienen un gran número de pensamientos negativos recurrentes y además están convencidos de que son reales. Por ejemplo, pueden pensar que tendrán un accidente o que se contagiaran de alguna enfermedad. Solo cuando comprenden que no son ciertos, comienzan a recuperarse…
  • Son problemáticos porque controlan nuestras acciones. Reflexiona por un momento sobre alguna situación en la que te enfadaste mucho con alguien y recuerda qué tipo de pensamientos venían a tu mente. Quizás querías hacerla daño intencionalmente (sé sincero contigo) ¿Llegaron a materializarse tus pensamientos en acciones? Este asunto sería un gran problema si fuese verdad… Imagínate cómo estarían las relaciones y el mundo en general.

Entonces, ¿son un problema los pensamientos negativos? La respuesta es no, siempre y cuando, no nos quedemos atrapados en ellos, es decir, se vuelven problemáticos cuando enfocamos toda nuestra atención en ellos, los consideramos verdades absolutas, dejamos que nos controlen o luchamos contra ellos. Y, esto solo ocurre cuando nos fusionamos con ellos, cuando creemos que somos nuestros pensamientos.

¿Qué podemos hacer?

Aprender a desengancharnos de ellos. Para ello, necesitamos tomar distancia. Por ejemplo, en lugar de asumir «soy un perdedor» o «me va a salir mal«, probar cambiarlo por «estoy teniendo el pensamiento de que soy un perdedor…» o «estoy teniendo el pensamiento de que me va a salir mal«. También, podemos seleccionar uno de los juicios negativos que tenemos sobre nosotros mismos, repetírnoslo hasta creérnoslo lo máximo posible, observar cómo nos sentimos y luego repetírnoslo de nuevo con una voz diferente. Hay que probar el dar las gracias a nuestra mente diga lo que nos diga. Podemos hacerlo de la forma que deseemos: «gracias mente mía», «gracias compañera, ha sido una buena historia». La idea es ayudarnos a no identificarnos con nuestros pensamientos, esos que han ido creciendo fruto de la educación recibida y las experiencias vividas.

Existen muchas técnicas que pueden ayudarnos a distanciarnos de nuestros pensamientos negativos, se trata de investigar cuál nos viene mejor a nosotros. Lo fundamental es mirar a nuestros pensamientos, observarlos, en lugar de mirar el mundo desde ellos y asumiendo todo lo que nos digan hasta sentirnos identificados.

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