¿En qué consiste la psicología de la confianza?

La psicología de la confianza se basa en la afirmación de que muchas veces un “te creo” vale más que un “te quiero”. “El te creo y confío en vos” tiene más valor para muchos de nosotros que un “te quiero”. Al fin y al cabo el amor se pierde en palabras cuando no se acompaña de actos significativos que los validen, que refuercen el vínculo mediante el cuidado y la atención. Por eso, pocas frases pueden resultar más valiosas que un “te creo y estoy con vos, estoy de tu lado, y tenés mi apoyo”.

Todas estas dinámicas relacionales y afectivas se engloban en lo que hoy conocemos como “psicología de la confianza”. Esta es una nueva disciplina que lleva años estudiándose, como se construyen los vínculos desde este modo. Pocas cosas impactan tan positivamente en nuestro cerebro como percibir que contamos con el apoyo incondicional de las personas que amamos.

El confiar en las personas que amamos tiene un poder que refuerza positivamente hacia el apego, acercándonos más hacia esa persona. Nuestro instinto de supervivencia, sistema límbico, así lo posibilita. Si esto no ocurre, si en un momento dado percibimos una falta de sintonía o un vacío a la hora de contar con ese apoyo, algo empieza a romperse en nuestro interior.

Queremos ser creídos cuando hablamos de metas que vamos cumplir, cuando comentamos que ciertas cosas no van bien, cuando decimos en voz alta que vamos a superarnos. Cuando esto no sucede, si quien tenemos en frente ironiza, nos ignora o duda de nosotros, nuestro cerebro empieza a liberar cortisol. Aparece la hormona del estrés casi como en un resorte avisándonos de que algo no va bien.

La confianza no solo es básica en las relaciones de pareja, pensemos sino en las relaciones con nuestros hijos, o cuando algún profesor confiaba en nosotros que íbamos a poder. En el medio laboral es imprescindible, algo que sin embargo, muchas empresas aún no tienen en cuenta o no han percibido.

“Un te creo” vale mucho más que un discurso, es un refuerzo positivo que nos confiere capacidades que hasta en nosotros mismos no creímos ser capaces. En el área laboral se lo nombra como empoderamiento.

Por ejemplo, el CEO de Yahoo exige que todos sus empleados trabajen en un mismo bloque de edificios, desea supervisar cada proceso de cerca y que todos los departamentos sigan una misma línea codo con codo.

Algo que en un principio puede parecernos lógico, tiene a nivel psicológico varios matices. Un enfoque opuesto es el de Richard Brandson, fundador de Virgin Group. En su caso, “yo confío en tus capacidades y en tu compromiso estés donde estés, yo te creo cuando me dices que vas a hacer lo mejor por esta empresa”.

Un “te creo” aleja los miedos y las tensiones cuando nos sentimos perdidos. Nos hace sentirnos menos solos y, a veces, hasta nos emociona mucho más que un “te quiero”. Empáticamente en ese instante sentimos el momento preciso donde el otro puede ponerse en nuestros zapatos, que siente lo que nosotros mismos sentimos. El nivel de oxitocina que segrega el cerebro es único, instante mágico si lo hay.

La oxitocina, es la hormona del cariño, la felicidad y, en última instancia, de la conectividad social. El contar a diario con ese tipo de apoyo da forma a un tipo de comportamiento prosocial que garantiza nuestro bienestar psicológico y una mejor salud mental. Contar con el apoyo de los nuestros ha sido desde siempre clave para nuestra supervivencia.

La confianza no es algo que se da por sentado cuando queremos a alguien o cuando tenemos una relación de amistad, de trabajo o afectiva. La confianza exige voluntad y trabajo diario, es la esencia de un compromiso basado en la convicción. Necesitar que los demás confíen en nuestra valía o en la veracidad de nuestros actos o palabras no nos convertirá en seres dependientes de la reafirmación ajena. Es un pilar básico en toda relación. Lo necesita el niño de sus padres para crecer y ganar en autonomía, autoestima y seguridad. Lo necesitan los dos miembros de esa pareja para afianzar la relación, para ganar en estabilidad y también en felicidad.

En el otro lado de la vara se encuentran las patologías que se movilizan en las aguas de la no confianza, la paranoia, delirio celotipico o la depresión.

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